El pintor que firmaba sus cuadros Vincent,
porque de su apellido había renunciado consciente y voluntariamente. Cuatro elementos resaltan al evocarlo, ya sea
porque haya sido estereotipado, por nuestras limitaciones culturales o por X o R : 1- Van Gogh era loco 2-Van Gogh no vendió un cuadro estando vivo, y 3-Van Gogh era un genio.
Se podrían sacar múltiples conclusiones sobre la vida de
este pintor holandés que los franceses incluyen en su lista como suyo; pero
esas conclusiones, para que sean verdaderas, debemos sacarlas de las fuentes
originarias y no de las interpretaciones que se han hecho casi siempre por
desconocimiento del arte, por mediocridades y por intereses económicos. ¿Y
cuáles son esas fuentes? Sus cartas.
Recientemente hablaba Carlos Martinez
de www.rebelion.org en un artículo sobre
epístolas el problema que causa internet, cómo se
pierde esta importante comunicación entre los seres humanos. Muchas veces hemos conocido mejor ciertos personajes
públicos más por sus cartas que por sus biografías, por la sinceridad de
ellas. Y en el caso de Van Gogh podemos hacerlo de manera minuciosa por la cantidad de
cartas que escribió, principalmente a su hermano Theo. Repito, si leemos nosotros mismo esas cartas,
no las interpretaciones de seudos críticos de arte o desde ciertas crónicas
trasnochadas.
Es tan minuciosa la comunicación que establece Vincent con Theo que le ha
permitido a la ciencia determinar el tipo exacto de enfermedad que padecía por
los síntomas descritos en ella, muy lejos de ser una locura. Las cartas mismas y su obra pictórica son más
que pruebas. No hay que olvidar aquella bebida verde de moda y que luego fue
prohibida por sus efectos nocivos (también afectó a Lautrec).
Su obra pictórica elevada a la categoría de mercancía por
la sociedad capitalista de hoy día, es de una riqueza poética inmensa, de un
colorido hasta ese momento desconocido por lo atrevido y puro de la aplicación
de la materia sobre el lienzo. Van Gogh confiesa su frustración de no poder dibujar, se
refiere al dibujo tomando como referencia las academias existentes donde se
aprendía el dibujo clásico anatómico. Él
prefirio no aprender esas técnicas para dar prioridad
al color. Como tampoco aprendió a
suavizar el color ni a diluirlo en trementina o algún aceite, el resultado es
el colorido puro del niño que juega . El negro, presente en casi todos los trabajos
hasta ahí realizados, no era parte de la gama de su paleta o era mínima.
Frecuentemente se dice que él no vendió ni un solo cuadro
estando en vida, para dar a entender el fracaso como pintor, y para crear otro
mito en torno al mundo del arte: la obra de arte es valiosa cuando el
artista está muerto.
Sobre la venta hay que entender el contexto, un Paris que
a pesar de las recientes exposiciones del salón independiente, o sea los
pintores que no eran aceptados en el salón de Otoño, el salón oficial (todavía
la pintura clásica y académica tenía el mayor peso); donde Cezanne,
el precursor de la paleta directa y los trazos geométricos, era rechazado y
burlado pero que empezaba a despertar la curiosidad de ciertos ricos
coleccionistas (el dr. Barnes,
por ejemplo, y Sergei Diaghilev,director del ballet ruso ). Theo, quien era el
agente representante de su hermano, sí sabía lo que ocurría, y por lo tanto
prefería guardar, acumular obras más que vender inmediatamente. Vollard, el marchand también lo sabía y tenía su sótano repleto
de Cezannes esperando el buen momento. La mendicidad que se pretende atribuirle a Vincent porque le pide dinero constantemente a su hermano,
no es tal, es parte del acuerdo a que llegaron con respecto a la obra de Vincent. Cada vez
que Theo enviaba 150 francos era compensado por varias obras cada mes,
como convenido.
Vincent sabía sus limitaciones con respecto a lo conocido en el arte, pero ello no
lo detuvo para seguir disfrutando del placer de pintar. Este placer extraordinario lo podemos
comprobar en sus exquisitas y detalladas descripciones de sus cuadros, con un
alto contenido poético. Vincular a Vincent con la venta de sus cuadros, o con el precio que
tienen hoy es una idiotez de marca mayor.
Francis Bacon decía que la fama no se le subió
a la cabeza y de no haberla adquirido hubiese pintado igual toda su vida. Y es esa la diferencia, no es pintar para
vender, no es pintar para tener éxito,
no es pintar para querer dar entender una categoría de genio; es pintar por la
pasión, por la inmensa identificación con el arte.
Si hay genialidad en todo eso ello estriba en el hecho de
no dejarse arrastrar por el comercio, por no convertirse en una máquina
industrial que fabrique arte comercial.
Y esta genialidad se aplica a todo.
Un periodista que escribe teniendo como referencia o quien lo vigile
mientras escribe, no es libre, no tiene pasión, ni es él mismo. Esa uniformidad y conformidad a las reglas es
lo que jode todo, dentro de una ética, claro está. Creo que Vincent lo
entendió y por ello no le importó que él no pudiese pintar como Millet ni que podía dibujar como Doré. Él pintaba como él, y dibujaba como él, no
como nadie. Por eso dan risa los
críticos que nos quieren vender un Van Gogh genio, el
mejor pintor y esas ridículas declaraciones que clasifica todo, que categoriza todo, hace competitivo todo accionar del ser
humano.
Hay dos retratos del Dr. Gachet,
uno verdadero, y el otro falso (con mesa roja), hecho por el mismo Dr. Gachet pero que hoy se encuentra en el museo de Orsay, en
Francia. Hoy los dos son verdaderos de
acuerdo al análisis interesado de los que defienden el arte como
mercancía. El 15 de mayo de 1990 Ryoei Saito compró en una subasta
de Christie’s el primero (con mesa amarilla y libros)
por $82.5 millones de dólares.
A la muerte de Vincent, y poco
después de su hermano, sus cartas fueron a parar a las manos de Joanna, esposa de Theo, quien
‘’curó’’ la correspondencia ocultando y alterando muchas de las cartas. La mas importante es
la última destinada a Theo donde se explicaba la
causa real de su suicidio: la disputa con Joanna. Por supuesto que el Dr. Gachet
rondaba por los lares también, y ambos estaban consciente de la importancia de Vincent
como pintor, para aprovecharse de él postmortem. Ellos, sin embargo no pensaron que muchas de
las cartas que Vincent escribía a Theo,
las escribía a Wilhelmina, una de sus hermanas. Joanna pudo
manipular con las de Theo, pero no con las de Wilhermina.
Por más millones que se le agreguen al valor de sus
pinturas, el precio real es de índole patrimonial a la humanidad, no
privado. No fue el mejor pintor, sino un
pintor que pintó con ganas, que produjo una obra coherente, que no es buena, si
a Usted no le gusta. Es una obra de un
valor inestimable por lo que representa en la historia del arte, en la historia
de la humanidad, no por los millones de los japoneses, ni de los gringos.
-Mercader
5 diciembre MMV