En 1971 vi
por primera vez la pintura haitiana, Alianza Francesa, calle Benito Monción, Santiago. Garrigou, el director, llegaba de Haití con su cargamento
exquisito. Sin embargo durante la exposición me preocupé más de ver a su mujer
que a los cuadros. Los cuadros pueden esperar, me dije. Al día siguiente me inscribí para ver
regularmente el esplendor de aquella mujer de roja cabellera. Otro día más y me
borré porque no me tocó con ella aprender a hablar como Daumier.
No desear la mujer de tu prójimo, me justifiqué. Entonces sí volví para deleitarme de la magia
del color de Haití en aquella muestra.
Poco después inauguraba mi primera exposición en los mismos
salones.
Mi próximo encuentro con el colorido haitiano se produjo
en Puerto Príncipe. Allí pude ver la
obra y el escenario. Nunca he visto
tanta cohesión en el arte en ningún país. El arte es como un pedazo de tierra
arrancado con sus árboles, sus habitantes, sus tap-taps, sus mercados, sus alegres hombres y sus bellas
mujeres, sus ciudades flotantes, mezclados con elefantes y jirafas traídos en
los sueños de los abuelos. Al parecer
estos dejaron una herencia inmensa porque casi todos los haitianos pintaban.
Unos eran maestros, Albert Desmangles,
Alexandre Gregoire, Andre Pierre,Seymor Bottex, Bernard Sejourne, Gesner Armand, Prefete Duffaut y sus increíbles
ciudades voladoras; otros copiaban en serie para adornar los bulevares próximo
al muelle. Estos mismos son los que
vinieron hasta Santo Domingo para darle vida al malecón. El resto vendía sus
miserias en los mercados.
-Marchán, ese vale 5
mil…..no gracias, Marchán, cógelo pol 3 mil….no sólo estoy viendo sus obras, Marchán, llévatelo por mil….. Furiosos se pusieron
los dueños de galerías porque estos le hacían la competencia. Y surgieron de nuevo las declaraciones,
empezaron de nuevo las invasiones de Toussaint, de Dessalines, el Cibao en llamas,
se nos subió de nuevo
Los pintores
haitianos son hermanos, padecen las mismas persecuciones y penurias, y matan el
tiempo pintando para poder sobrevivir. Con una filosofía mas cercana de la
bohemia y el ‘’buen vivir’’ que nuestros colegas, con la excepción de Cestero y
Goico.
Ellos con su voudu, nosotros
con un cristianismo-inquisidor-esclavista, que nos corre por las venas. Eso de amar al prójimo, se descarta si
este prójimo es haitiano; eso de hacer bien sin mirar a quien… acechamos
por la rejita para ver si es haitiano. Pero que nadie se crea que es porque son
negros, es porque son pobres. Y por
eso nació el racismo, porque África era pobre cuando llegaron los primeros
visitantes. ¡Ay las clases de Carlitos! No les valió
recibirlos con mangú de yuca y ñame, bistec de Gnu, orejitas de hipopótamo, ensaladas de limoncillos
salpicados con maní, ni los jugos de molondrones con huevos de grullas, ni las
rueditas de culebras sazonadas al orégano de verdad y con gusanitos tiernos en
orines de camello. Los ingratos los cogieron y se los llevaron
engrillados. Y de esos grillos salieron
los haitianos (y muchos dominicanos) que hoy día continuamos acosándolos cuando
no aceptan quedarse en las minas o sea en las construcciones, en los
sembradíos, en la servidumbre, en los cañaverales. De ese dolor sacan los colores con que
pintan.
El trujillismo, que también se
nos metió en las venas, nos impide ser verdaderos cristianos para con ellos;
preferimos el maltrato, preferimos humillarlos, preferimos burlarnos con la camiona y miles de chistes racistas y de mal gusto,
preferimos insultarlos con lo del grajo como si a nosotros no nos ocurriera en
las mismas condiciones, preferimos ser
pretensiosos y dárnolas de blanquitos para querer
aparearnos con los amos norteños. El rachazo no es por
patriotismo, porque si así fuese, no hubiesen gringos diciéndonos qué hacer
desde 1916, incluyendo la era, hasta Hertell.
Las leyes de migración son una mierda en cualquier
país. ¿Con qué visa entró Colón ? ¿Qué papeles legales tenían los 20 mil soldados
de Napoleón cuando llegaron a Saint Domingue ? ¿Con qué legalidad están los gringos en Irak
? ¿Con qué legalidad, otra que no sea la fuerza de la sinrazón, están en Puerto
Rico? El más pobre e insolvente
ciudadano americano, puede entrar cuando guste aquí y dondequiera, haciendo
alarde de esa raza que tanto defendió Hitler como la
pura. En EU, dejan entrar cuando
necesitan lava-platos, recogedores de uva, desenterradores de papas,
lava-inodoros; cuando necesitan pasajeros para que se les llenen sus aviones; o
nosotros para que nos corten la caña; para que nos fabriquen torres ¿con el
dinero lavado; pero sucio ?
No he leído, ni oído la primera frase desde el clero, que
sea verdaderamente cristiana, de hermandad, de amor, para con los haitianos,
sólo sacan a relucir leyes ridículas, duras y rígidas aplicadas a capricho
lento. Sólo las proclamas en el desierto
de Regino el hermano de mi hermano David Martínez. No
he oído, ni leído una sola línea de algún crítico de arte defendiendo el arte
haitiano.
En Montreal hay toda una comunidad haitiana, desde los
primeros escapados al régimen de Duvalier. Integrados, trabajan como todo el mundo, no
se comen a los niños en sus ritos voudules y cuando
uno comete un error o un delito, no he visto que hayan motines para arrasar y
quemar a todo el que pronuncie PELEJí . Los pintores pintan, los choferes
manejan taxis y la gobernadora general de Canadá se llama Michaelle
Jean, una haitiana.
No fue sólamente Balaguer que impidió que Peña fuese presidente
por ser de origen haitiano. ¿Cómo se
explica que siendo el líder de más arrastre en el PRD le impidieron ser el candidato?
¿Porque las FFAA no iban a dejar que gobernara un haitiano?
Si nos abrimos un poco, podríamos comprender a este
pueblo en ruina, saqueado, podríamos disfrutar de su música, de su arte
pictórico que va más allá de las telas expuestas a la lluvia, sol y sereno.
Podríamos también disfrutar de su mano de obra, reconociendo sus derechos y
pagándoles salarios decentes. ¿Por qué hacer como hicieron los gringos con los
negros del sur, que los explotaron y los linchaban si se rebelaban? Podríamos
reconocer que son seres humanos. Peña
Gómez es el mejor ejemplo de que podemos convivir juntos manteniendo nuestra
cultura propia. Si a Peña le hubiésemos
negado su derecho a la educación no hubiese tenido la formación que tuvo. ¿Por
qué negarle la escuela a los niños haitianos que viven aquí? Eso no es cristianismo, es además una
vergüenza. ¿O es que queremos que esos niños crezcan para unirse al batallón de
constructores de torres, o de explotados sembradores de arroz o de
delincuentes? Y a las mujeres que van a
parir, ¿le vamos a negar el hospital?
Eso es tener un alma muy negra, o quizás muy blanca. Podemos sonreír al turista, si trae dólares
pero no al haitiano que está mas cerca de nosotros culturalmente, aparte de que
padecemos juntos las pisadas de ese turista arrogante e ignorante que no nos
visita con respeto, sino con aire de supremacía, que nos ve como atrasados
sirvientes. Los haitianos, querámoslo o no, son nuestros hermanos de sangre,
hermanos de historia, hermanos geográficamente, hermanos de suerte.
Por todo eso, de la gama de colores prefiero el amarillo
de los luases, el rojo de los tambores, y el negro de
Haití.
-Mercader
8 enero MMVI